martes, 5 de mayo de 2015

Párate y Respira



Pasamos el día entero en un estado de adormilamiento, yendo de un lado para otro con los quehaceres diarios. No nos paramos un segundo a respirar, a tomar conciencia de hacia dónde va nuestra vida, sin ser conscientes del aquí y del ahora.

Nos olvidamos de amar desde el corazón, de sentir el aire, el sol, la lluvia en nuestra cara.
Cuando nos acercamos a alguien es por llenar una sensación de soledad inexistente. Nos acercamos con miedo a que sea invadida nuestra intimidad como isla pérdida que nos sentimos. Nos acercamos con ese amor condicionado que todos confundimos con el amor incondicional.
Buscamos esa alma gemela que no nos estorbe en la expansión de nuestro egoísmo. Pasando días, meses y años dictándonos nuestra propia mente, mediante pensamientos de soledad, que hagamos cosas durante la mayor parte del día y así llenaras huecos y no sentirás ese dolor tan profundo en nuestra maltratada alma.
Quizás sea el momento de pararse y respirar. Comenzar a respirar conscientemente y comenzar a buscar cobijo en nuestro interior. Comenzar a reconocer el amor incondicional, ese amor que da sin pedir, que ofrece sin reconocimiento, ese amor reflexivo, desapegado, que no necesita nutrirse del otro sino de él mismo.
Siéntate y sé consciente de porqué estás aquí, de cuál es tu función en esta maravillosa vida, de quien eres realmente, de qué diferencia hay entre cómo eres y cómo te muestras a los demás.
Camina libremente, sin miedos pues son irreales, camina como lo que eres,  un ser de luz que tiene el potencial de la Divinidad con la única función de vivir experiencias en esta dimensión densa.
Que la mente no te engañe, eres maravilloso, eres especial como lo somos todos.
Nacemos con cada una de las experiencias que vivimos, nacemos cada día, cada hora, cada minuto. Nacemos con cada pensamiento. Subimos de conciencia con cada respiración consciente.
No busques más el camino. Llevas en él desde que naciste, durante toda tu vida y lo seguirás después de desencarnarte. Esto no tiene ni principio ni fin. Aunque nuestra mente cansada y distorsionada siempre nos intente convencer de que llegaremos a un paraíso después de morir y pasemos la vida evadiéndonos, no hay más paraíso que este que estás viviendo. Vive feliz, sin más apego que el del amor por tu vida consciente a cada minuto de tu existencia.
Siéntate y observa todo lo que te rodea libre de patrones adquiridos o heredados. Observa tu presente, deja de proyectar pensamientos de anhelo, de un futuro idílico de película de príncipes y princesas. Tu realidad es maravillosa si la haces conscientemente, pues tú la haces a cada pensamiento, sentimiento y acción física de tu vida.
Si te paras a observar un momento, todo lo que te rodea veras que es la suma de la realidades de otros y claro está, la tuya.
Respira y sé consciente de ti mismo. No existe otra cosa que no sea tu interior.

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